Panorama post-electoral argentino después de Kirchner, Cristina

Artículo de Marcos Fabián Mosenson sobre el contundente triunfo de Cristina Fernández de Kirchner y los desafíos a los que ahora se enfrenta en cuanto a la economía nacional, los cambios y continuidades en el populismo peronista además de la polarización, la batalla mediática y la falta de transparencia.

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Photo: TV Brasil - EBC in Flikr

Panorama post-electoral argentino después de Kirchner, Cristina

Análisis de NorLARNet, 7 de noviembre del 2011
Marcos Fabián Mosenson; Lecturer, Ilos, University of Oslo

 

El 23 de octubre pasado Cristina Fernández de Kirchner revalidó su mandato como presidente de los argentinos. La instancia pre-electoral, usualmente colorida, está vez fue un proceso gris y sin brillo. En efecto, el clima previo a las elecciones fue deslucido y algo frío, sin entusiasmo. Dicho aburrimiento fue el reflejo de una crónica de un triunfo anunciado. Se sabía de antemano que el Frente para La Victoria (FPV) se impondría por un gran margen y así lo hizo con el 54 por ciento de los votos. El segundo puesto, aunque a 37 puntos por debajo, fue para el Frente Amplio Progresista (FAP) una coalición de centro-izquierda relativamente novedosa liderada por Hermes Binner quien con tan solo el 17 por ciento muestra verdades chances de transformarse en el líder de la oposición. Muy por detrás (solo un 11 por ciento de los votos) quedó el tradicional Partido Radical (UCR) que sufre una profunda crisis de identidad política aunque es el único partido no peronista con una estructura partidaria de auténtico alcance nacional. Los candidatos del peronismo disidente de Alberto Rodríguez Saá y del ex-presidente Eduardo Duhalde tuvieron que conformarse con un escaso  8 y 6 por ciento respectivamente, y aun más abajo quedó la Coalición Cívica de Lilita Carrió con menos del 2 por ciento.

 

Crecimiento económico y la ola de los commodities

El apoyo popular a la presidenta se basa en que las capas medias y bajas han obtenido más dinero. Con un crecimiento económico del 9% anual, el gobierno viene tomando decisiones inclinadas hacia una redistribución progresiva del ingreso. En Argentina se ha ampliado el consumo, se han generado nuevos empleos, ha aumentado el salario, se incorporaron nuevos consumidores al mercado gracias a la asignación universal por hijo (AUH), y se sumaron más jubilados al sistema de pensiones. Podría cuestionarse, y de hecho se  hace, que parte de este éxito económico se debe en cierta manera a la buena suerte. El precio de las commodities creció significativamente en los últimos años. Argentina un país de ‘apenas’ 40 millones de habitantes produce alimentos para más de 300 millones. Los nuevos compradores de carnes, granos, y especialmente soja, son países en franco crecimiento como China, o India,  por ello Argentina parece estar relativamente protegida frente a la  actual crisis europea. Las altas ganancias, producto de estas exportaciones, se mantendrán, al menos por un tiempo, seguras. De este modo Argentina vuelve a un modelo, ¿destino?, agro-exportador. A las medidas redistributivas del excedente se vienen sumando otras decisiones que han sido juzgadas como positivas, entre las más citadas: el proceso de desendeudamiento, el enfrentamiento con los organismos internacionales de crédito (FMI, Banco Mundial), una mayor acumulación de reservas, más obra pública a nivel provincial y nacional, el rechazo del ALCA, el acercamiento a América Latina, y el apoyo a la pequeña y mediana industria a través de medidas ciertamente proteccionistas como la limitación a la importación.

Sin este contexto económico no se explica el éxito electoral de Cristina de Kirchner, pero el apoyo de las mayorías tampoco puede ser reducido a estadísticas. Hay otros elementos a destacar: una contundente política de derechos humanos que se tradujo en la anulación de las leyes de la impunidad, la reapertura de juicios por crímenes de lesa humanidad, y el encarcelamiento de los responsables por violaciones de los derechos humanos durante la última dictadura militar argentina. Asimismo la Corte Suprema de justicia fue depurada, y se promulgó la Ley de Matrimonio igualitario que habilita a casarse a parejas del mismo sexo. Por último se aprobó la nueva y controvertida ley de medios, que para el oficialismo y sus seguidores se trataría de un acto de justicia y democratización propenso a limitar el poder de los medios concentrados mientras que para quienes cuestionan al gobierno sería un inaceptable intento hegemónico de sustituir un ‘monopolio privado’ por otro público-privado leal al gobierno. Otros sectores apoyan la medida que deroga esta ley heredada de la dictadura, pero desconfían del modo en que esta podría ser implementada.

 

“Una muerte oportuna”

Si bien el kirchnerismo comienza oficialmente en el 2003 con la asunción de Néstor Kirchner, hay otras dos fechas centrales para comprender el proceso en curso. Una de ellas es diciembre del 2001. Tras la crisis financiera y la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa se desencadena una crisis que deja a la nación al borde de la disgregación. La crisis política y económica parecía terminal, la población salía a las calles golpeando cacerolas al grito de “que se vayan todos” exigiendo la renuncia del conjunto de la clase política. La represión de las protestas de ciudadanos culminó en la muerte de treinta y nueve personas. El propio Kirchner se refería a este periodo como el ‘infierno del que hay que salir’ desde el inicio de su gestión. La otra fecha central para entender el triunfo de CFK es el 27 de Octubre del 2010, es decir la desaparición física del propio Néstor Kirchner. Según Beatriz Sarlo, una de las intelectuales más lúcidas de la Argentina y una de las críticas más duras a la actual gestión, lo de Néstor Kirchner fue una muerte oportuna. Más allá de la tragedia personal, esta muerte le posibilita a Cristina Fernández constituirse ella misma, reinventándose, cimentando un liderazgo personal, apoyado en la figura de su esposo, ya no vivo, pero si cosechando el valor simbólico de su memoria. Es más, siendo uno frío, se podría decir que la muerte de Kirchner en términos políticos le benefició. Sobre todo si se considera que en las elecciones legislativas del 2009 el oficialismo fue derrotado en las urnas, perdiendo ocho senadores y cuarenta diputados.

Mediante una sofisticada construcción y exposición mediática se da entender a la población que no había ni iba a haber ningún vacío de poder. El pueblo se solidariza con el luto de la presidenta, quien sufre en público su pérdida mientras asegura convincentemente que los resortes del estado están bajo control e intactos. Con esto el gobierno se define frente a un sector de la opinión pública que deseaba o creía en la posible renuncia de CFK a las elecciones en las que acaba de triunfar. Cristina supo capitalizar el drama de la muerte de su esposo, se autonomiza y renace como líder con peso propio, y así se instituye el mito de Néstor como guía, ahora desde el más allá. Críticos como el periodista Jorge Lanata, o el escritor Martín Caparrós observan que CFK se refiere a Néstor como a ‘El’. El diálogo entre Cristina y Néstor remite a la gran pareja fundacional del peronismo, Juan Perón y Evita. En la inteligente estrategia mediática se ponen en escena otra de las características del peronismo clásico: la relación carismática, directa, entre el líder y su pueblo. CFK raramente ofrece conferencias de prensa, prefiere un uso directo de los medios clásicos: plaza, balcón; modernos: radio y televisión; y aun más modernos: blogs, facebook, twitter. En este último caso, el gobierno ha ingresado rápidamente en la política 2.0 con un excelente uso de las redes sociales que se traduce en una serie de blogs, sitios en línea, y espacios que conforman una verdadera cybermilitancia.

 

Cambios y continuidades en el populismo peronista

El peronismo en su larga historia no es extraño a la sinfonía de los sentimientos donde lo personal es político y viceversa. Este despliegue de rituales populares e instauración de un mito de origen con efectos mensurables en la opinión publica, es una construcción de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo que suma sensibilidades populares coagulando en identidades políticas fortalecidas. El peronismo no es nuevo en este terreno, lleva 66 años de existencia en la Argentina, y pese a la desaparición física de su líder máximo en 1974, el movimiento sigue llevando su nombre. Hay pocos ejemplos en el mundo de partidos surgidos en la década de los cuarenta que sigan manteniendo a su fundador como principal estandarte e insignia. A pesar de esta continuidad es difícil hablar de ‘peronismo’ a secas, mejor sería hablar de peronismos, así de manera plural. El peronismo como movimiento ha sido y ha contenido muchas variantes contradictorias. Fue sindical y popular en sus inicios, sucesivamente revolucionario en los setentas, neoliberal en los noventas y habría vuelto a sus fuentes en esta última década en consonancia con los otros liderazgos anti-neoliberales en América Latina.

Esta historia de liderazgo fuerte, directo, popular y carismático es generalmente entendido en términos de populismo. Sus críticos -Beatriz Sarlo, Martín Caparros, y Luis Alberto Romero- ven en el populismo peronista lo peor del anti-institucionalismo y del sentimiento sobre la racionalidad política; el engaño como forma de acumulación de capital político y la corrupción personal e institucional. Para los intelectuales ligados al gobierno -Ernesto Laclau, Horacio González, y Ricardo Forster- el populismo sería el momento positivo en que el pueblo reconoce e institucionaliza sus demandas a través del estado frente a los poderes constituidos en una instancia de construcción política progresiva y progresista.

 

Polarización, batalla mediática y falta de transparencia

Y es en esta definición de lucha agónica entre amigos y enemigos que el kirchnerismo define al campo conflictivo en donde de un lado está el ‘pueblo’ y del otro las corporaciones mediáticas, reales o imaginarias. El kirchnerismo define como a su principal contrincante a ciertos medios de comunicación. Especialmente el grupo Clarin. Este multimedio con tendencias monopólicas ha condicionado con sus titulares a más de un gobierno. Al retirarle el apoyo a Kirchner se produce un quiebre y una durísima batalla mediática entre gobierno y oposición que aún hoy perdura. Está batalla cultural es la que ha propiciado más adhesiones y rechazos al kirchnerismo. El gobierno, frente a lo que considera un ataque de los medios se ha dedicado a la construcción sistemática de una red de comunicación oficial y privada para vehiculizar sus propios mensajes. Desde la televisión pública el programa 678, se dedica a atacar a los medios y periodistas del grupo Clarín y a otros medios e intelectuales críticos del gobierno. Asimismo el estado condiciona el campo comunicacional a través de una política diferenciada de financiamiento de medios, lo que le ha valido quejas por parte de organizaciones que viven esto como una limitación a la libertad de prensa. Pero se trata de una polarización falsa. Argentina es más compleja que la oposición entre medios e intelectuales a favor y en contra del gobierno. Pero esta es la dicotomía que se vive actualmente. En esta polarización sobre la discusión política en Argentina pierde matices. Tanto el kirchnerismo como el anti-kirchnerismo fuerzan a definiciones contundentes: se está a favor o en contra. Poco espacio queda para aquellos que hacen una crítica moderada del kirchnerismo. Esto lamentablemente implica un deterioro de la discusión pública y de las instituciones.

La contundencia del triunfo de Cristina es innegable. Los desafíos que ahora debe enfrentar también los son. La buena suerte a partir los precios de las commodities debería traducirse en una estrategia económica más clara pues se corre el riesgo de crecimiento sin desarrollo. El estado argentino tiene mucho que mejorar en el terreno de la transparencia. El Indec (Instituto de estadísticas y censos) fue intervenida por el gobierno y desde ese entonces ha sufrido un claro desprestigio. Es difícil juzgar logros económicos de un gobierno cuando nadie, ni el propio gobierno, cree en los números oficiales. La batalla cultural ha sido ganada por el gobierno, es de lamentar el grado de inquina y rencor que se produce en la discusión pública y en las redes sociales entre quienes apoyan al gobierno y quienes por razones muy diversas y hasta contradictorias no lo hacen. Políticamente el gobierno se ha quedado sin adversarios. Tiene mayoría de gobernadores, senadores y diputados. Es de esperar que el FPA de Hermes Binner crezca, sino se prevé el riesgo de que el Peronismo devenga una suerte de PRI mexicano donde la elección más importante se da en las internas, y las elecciones generales no sean más que un trámite previsible.

Tags: Argentina
Published Nov. 8, 2011 3:12 PM - Last modified Oct. 25, 2013 4:53 PM